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El proyecto cultural no nace de una idea personal de querer decir algo, sino de identificar una necesidad en la gente. Entrevista con Damián Rovner, creador de proyectos editoriales, músico y productor cultural. Repasamos sus experiencias, ideas y sentimientos en relación a las pasiones de su vida: la cultura y la sociedad.
 
Para ir entrando en tema, te pido un breve repaso de tus experiencias vinculadas a proyectos culturales, de la cuna a nuestros días.
Voy a intentarlo. Cuando estaba en la cuna... (así, agarrándome los tiradores). Siempre cuento como punto de partida los 19 años, cuando empecé a trabajar junto a mi viejo y a Osvaldo Quiroga en la edición de la revista Espacio de Crítica e Investigación Teatral.
Siendo más justo conmigo, podría decir que me enviaron a grupos de arte desde que nací, que estudié música desde muy chiquito, que estudié teatro toda mi adolescencia, y que en el secundario (ILSE) participaba del Centro de Estudiantes y formé parte de la comisión que editaba la revista.
Experiencias que me marcaron como productor/editor: la revista que nombré; trabajar en la organización del festival de Cádiz (1991 y 1992); el Museo de Arte Cómico en Babilonia; el Frente de Artistas del Borda con Alberto Sava (aunque haya sido muy corta mi pasada); una experiencia socio-cultural en la plaza de Temperley todos los domingos durante 2 años; la revista Farsa, guía del estudiante de artes; la revista Chicos de la Calle en Bs. As. del Gobierno de la Ciudad durante 7 años; Fervor de Bs. As. también del GCBA y, finalmente, Tbas o Teatros de Buenos Aires, como la siguen llamando algunos. Obviamente hubo muchos más trabajos pero no me dejaron tanto en el cuerpo.
Paralelamente, en lo musical, fui participando como trompetista de diferentes proyectos musicales como Culebrón Timbal, La Mecánica, Colectivo Eteronfónico de Improvisación, Waitsed Band, De Martinas, el espectáculo Doma Doma de De la Guarda y, actualmente y desde hace 4 años, en Me darás mil hijos. Como surge lo que es hoy Tbas? Qué expectativas tenías en aquel momento?
En diciembre del 2001 explotó el país, llegó el éxodo, y mi reacción fue: si me quedo, voy a desarrollar algún medio o herramienta con cierta visibilidad, con 2 objetivos: uno, generar proyectos y trabajo en un momento en que todo cierra y el poder quiere liquidar al país; y dos, tener un canal de expresión para comunicar información alternativa desde un espacio alternativo.
La idea era generar una guía completa de espectáculos de la ciudad. En ese momento la mayoría de las revistas independientes habían desaparecido y había una necesidad muy concreta.
Los objetivos se cumplieron y la revista fue muy bien recibida. Pero lamentablemente, aunque en el ambiente de teatro independiente siempre la alabaron, nunca tomaron la decisión de acompañarla en su crecimiento y apropiarse de ella como medio de difusión de sus espectáculos.
En general, salvo excepciones, veo en el ambiente una falta de capacidad de organización y visión de futuro, donde se quiere todo sin dar nada. Por lo tanto la revista fue creciendo lentamente, siempre con muchos problemas y con socios que apoyaron económicamente el proyecto. Hoy decidimos hacer un impas de unos meses porque la empresa estaba en default. Por supuesto que la revista pudo crecer también gracias a otro montón de gente que puso el cuerpo y que creyó.

Cómo se fue desarrollando el proyecto? Qué balance hacés y que obstáculos encontraste en el camino?
Cualquier proyecto cultural, al estar basado en un capital humano (conocimiento, creatividad, etc.), se asienta sobre la capacidad de gestión y producción de sus integrantes. Buenas ideas hay muchas, el tema es plasmarlas. Por lo tanto, el proyecto crecía en función de nuestra energía para afrontar los embates de la realidad, que nunca ayudó.
Intenté desarrollar una empresa, con amigos, sin respaldos, en un país fundido en donde la cultura fue siempre el orejón del tarro. Hay que saber tomar estas experiencias como aprendizaje para crecer y saber en qué no equivocarse la próxima.
Creo que hoy día está cambiando un poco la realidad, también desde la gestión pública. Considero que tener un Secretario de Cultura de Nación como José Nun es un signo esperanzador e ineludible de que algo cambia. Esperemos que dure. Otro claro reflejo de que la cultura se está teniendo en cuenta por la sociedad, es la inversión que hacen las empresas privadas en espectáculos y eventos culturales, algo totalmente nuevo en la historia de este país.

En que cambió tu modo de pensar un proyecto cultural al día de hoy, sobre la base de tu experiencia? Seguís pensando que es viable vivir de esto?
Lo que cambia es uno, no sólo el modo de pensar el proyecto. Las propias experiencias te van modificando y vas teniendo diferentes necesidades. Mi necesidad y deseo casi siempre fue trabajar en función de un proyecto cultural que ayuda a la construcción de una sociedad más sensible, etc., etc. Es verdad aunque suene medio utópico y cursi. Así lo sentía. Hoy, por ejemplo, con cerca de 37 años, tengo ganas de concentrarme en mí, mi hijo Juan Pablo, de 17 años, mi mujer Constanza, mis amigos, y resolver algunas cuestiones estructurales de mi cerebro y mi vida cotidiana que pospuse en función de.
Un proyecto cultural serio es siempre -y siempre lo será- una respuesta a una necesidad social: las discusiones sobre diversidad cultural, el rescate de las culturas de cada tierra, la creación de espacios de difusión para grupos sin acceso, etc. O sea, el proyecto cultural no nace de una idea personal de querer decir algo, sino de identificar una necesidad en la gente. A veces puede coincidir, a veces no.
Creo que sí es viable vivir del mundo de los proyectos culturales, sabiendo de antemano que es un espacio de aprendizaje y desarrollo personal, y no una fuente de ganancia económica. Digo, el que se dedica a esto tiene que tener algún que otro objetivo aparte de una fuente de ingresos, los cuales jamás se van a comparar con los de otros ámbitos. Tal vez el único ámbito, dentro de la cultura, que tiene un flujo mayor de dinero, sea el cine.

La banda significó un reacomodamiento importante en tus cosas o se fue dando naturalmente?
Hace quince años que participo de proyectos musicales como trompetista, por lo cual no necesité de fórceps para encajar en ningún lado. Es parte de mi cotidianeidad hace mucho y lo necesito como cable a tierra. La producción cultural absorbe mucha cabeza y, si uno no tiene un contacto directo con el hacer, con revolcarse en el barro, con un espacio de creatividad, te vuelve loco y te saca la distancia objetiva para trabajar.

Me darás mil hijos nació hace casi 5 años, formado en un comienzo por las tres guitarras y el contrabajo. En un principio estuvieron grabando temas para un primer disco y, cuando hubo que formar la banda definitiva para salir a tocar, hace casi 4 años, nos integramos la baterista, la acordeonista y yo.
La experiencia es excelente. La calidad musical y artística es alta y el respeto humano también, lo que permitió al grupo crecer mucho y velozmente. Para los siete que nombré es absoluta prioridad este proyecto y posponemos cualquier cosa ante un trabajo con la banda.
Más allá de la banda, lo que me seda y me transporta es el contacto de los labios con la boquilla. Los momentos mágicos pueden suceder en un ensayo, arriba del escenario, o en mi casa estudiando. Igualmente, es muy importante el contacto con el público para el desarrollo de un músico. En la cancha se ven los pingos, y ahí es donde te enfrentás con todo lo que vas a tener que trabajar humildemente después en tu casa.

En todo este camino te sentiste comprendido y acompañado por los que te rodeaban, nunca te sentiste un bicho raro?
Sólo me sentí acompañado por algunos afectos y por alguna gente que percibís capta una sintonía. A veces hay que ver quiénes son los que te rodean. buena pregunta. En todo caso no me sentí comprendido laboralmente, pero tampoco me siento un bicho raro ni un tipo demasiado interesante. Creo que en la sociedad, hoy día, hay códigos muy salvajes de los que sencillamente trato de mantenerme alejado. Y el ámbito en el cual me desarrollé, que es la producción cultural, no es el más fácil para mantenerse alejado ya que hay mucha relación cotidiana con instituciones y empresas, o sea, los círculos de poder. Mucha negociación con funcionarios y empresarios que, la más de las veces, poseen valores e intereses diferentes al artista. No mejores o peores, diferentes. Creo que aprendí a respetar los diferentes puntos de vista. Todos los roles de la sociedad son necesarios. El del artista, el del funcionario y el del empresario. Imaginate por un minuto que todos fuésemos artistas... no, gracias. Cada ser humano tiene sus patologías y los artistas no son los buenos y los funcionarios los malos. La más de las veces es gente que se inserta en estructuras tratando de trabajar, producir, realizar alguna acción, y terminan envueltas por un sistema que les pone trabas, imposibilidades y unos "NO" enormes que angustian, y es loable que sigan en esos lugares que no son nada gratificantes. La trama del poder, luego de tantos años de corrupción, es tan difícil de desentrañar, tiene tantas aristas inimaginables que de afuera no se ven, que da miedo.
En definitiva, mi actitud es siempre volver a intentar, poniendo la octava mejilla, una opción de vida diferente en la metrópoli. Mi parte masoca. Es todo un desafío.

 
 
 
 
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