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El principal reto de la cultura es social
Ferran Mascarell es concejal de Cultura y portavoz municipal del Ayuntamiento de Barcelona. Extracto de la entrevista de Catalina Serra publicada en el diario El País.
 

El Ayuntamiento de Barcelona ha anunciado este año el mayor presupuesto de su historia dedicado a la cultura (151 millones de euros, el 26% más que en 2005) en un momento en el que, curiosamente, el foco del debate cultural en el sector no apunta al ámbito local, lo cual resta visibilidad a una política municipal centrada en los últimos años en la finalización de la necesaria y exitosa red de bibliotecas. Es un asunto que no parece preocupar en exceso a Ferran Mascarell, concejal de Cultura y portavoz municipal, que acaba de publicar una selección de sus artículos y conferencias en el libro La cultura en l'era de la incertesa. Societat, cultura i ciutat (Roca Editorial), donde plantea, por ejemplo, que el gran reto de la ciudad está en cómo combinar la propia tradición con las diversas culturas de sus nuevos ciudadanos. "El principal reto cultural es social", afirma.

¿Cómo explica que esta mayor apuesta presupuestaria coincida con una menor presencia municipal en el debate cultural del país?
Después de muchos años de práctica inactividad, la política cultural de la Generalitat en Barcelona está despertando. Es lógico que su papel sea más evidente. Ya era hora. Las actuales políticas culturales del Gobierno son más útiles para Barcelona y esto es lo que importa, no el grado más o menos circunstancial de protagonismo de unos u otros. Nuestra teórica menor presencia mediática es directamente proporcional a la solidez de la implementación de nuestras propuestas culturales. Es el caso del éxito de las bibliotecas municipales o de la solidez de la red de instituciones de capitalidad (MNAC, Macba, CCCB, Picasso, Liceo, Auditori), hoy centros consolidados. Mi preocupación no es la visibilidad, sino poner a disposición de los ciudadanos el mayor número posible de opciones culturales donde poder ejercer su creatividad, su expresividad, su libertad, donde ejercer su condición de ciudadanos.

¿En qué momento está la cultura de Barcelona?
La cultura de la ciudad está en un momento especialmente interesante, mucho más interesante de lo que suelen expresar las miradas más superficiales. En su nivel más profundo, la cultura de la ciudad está acabando muchos proyectos históricos y está alumbrando una nueva época. Creo que la ciudad y la cultura catalana están, por fin, acabando algunas de las infraestructuras inventadas por el novecentismo y el sesentismo. Es el caso de las bibliotecas, las grandes infraestructuras culturales de capitalidad, el museo de arte contemporáneo o los centros cívicos. Sólo el CCCB corresponde a la lógica cultural de los noventa. Quizá lo más curioso del pujolismo, además de su ninguneo con Barcelona, fue su escasa voluntad de acabar el proyecto inconcluso de los novecentistas y de tener en cuenta las propuestas sesentistas. Cuando abortó el Pacto Cultural del 1985 retrasó casi dos décadas algunas de las principales asignaturas culturales pendientes tras los estropicios causados por el franquismo, además de poner en cuarentena cualquier nuevo ismo colectivo para afrontar los retos culturales del posfranquismo.

¿Hay que continuar con los ismos? ¿Tiene que haber otro proyecto de ciudad?
Los ismos suelen ser la expresión de un determinado grado de energía social compartida. A la sociedad catalana parece faltarle desde hace años un aglutinante cultural que articule sus energías internas para hacer frente a los retos sociales y políticos que el futuro pone frente a nuestras narices. Los proyectos de la ciudad son otra cosa, pero sin duda pueden contribuir positivamente. Así ha sido en diversas ocasiones a lo largo de su historia. En cualquier caso, el ADN creativo e innovador de Barcelona puede contribuir a ello si despejamos, de una vez, las dudas que sobre la función motora de Barcelona dejaron los muchos años de gobiernos pujolistas.

En su libro dice que vivimos en una era de incertidumbres. ¿Por qué es más incierta la cultura ahora que hace 20 años?
Porque las sociedades viven en un momento de mayor incertidumbre. La gran paradoja de nuestro tiempo es que nunca el mundo había tenido tantas potencialidades tecnológicas y económicas a su disposición y, al mismo tiempo, nunca había habido tantas dificultades para extender sus beneficios a la sociedad global. Vivimos un momento de tránsito. Hay que darle a la cultura su dimensión más amplia, más real, que englobe el humanismo, el arte y la ciencia; hay que sumarlo todo. El principal reto cultural es social. Nos enfrentamos con un conjunto de paradigmas nuevos y por esto tenemos que entender el espacio urbano como una realidad cultural.

Y esto, ¿cómo se hace?
Si lo tuviera resuelto escribiría un manual que sin duda sería exitoso. La principal misión de las iniciativas públicas progresistas es crear el máximo de oportunidades culturales y sociales para todos, para que todos podamos ejercer nuestra libertad sin otra traba que el respeto hacia los demás, para que todos podamos ejercer nuestra expresividad y nuestra creatividad, para que nadie quede al margen de los beneficios del bienestar. Es en función de todo ello por lo que afirmo que el conjunto del espacio urbano debe ser pensado culturalmente. Es en función de todo ello que nuestras opciones culturales deben tener en cuenta el factor mundo. Mirar sólo el entorno más inmediato ya no sirve para nada. Por eso me parece preocupante el debate cultural absolutamente cerrado que se está dando en algunos ámbitos de la cultura catalana. En algunos ámbitos hace falta mayor ambición y sobre todo mirar algo más lejos.

¿Cómo se combina esto con la protección del patrimonio y el apoyo a la creación de aquí?
Creador de aquí es todo aquel que vive en Barcelona independientemente de su lugar de origen. El reto de los próximos años será producir cultura nueva combinando nuestra identidad histórica con las muchas otras identidades que están depositándose en nuestras ciudades.

Entrevista publicada en El País, España

 
 
 
 
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