¿Cómo se te ocurrió relacionarte con el tema de artes escénicas y nuevas tecnologías?
Primero, es como una necesidad personal; yo hago tecnología y hago teatro. Igual, fue medio como casual. Empezó el año pasado, viste que nosotros hicimos un evento. Muchas veces las cosas surgen de la propia demanda del equipo, y lo que me venían pidiendo era hacer un encuentro del sitio, juntar a la gente, que estaba bueno y que era una idea que todos queríamos hacer. Y bueno, lo hicimos, y veníamos discutiendo en un foro del sitio mismo con Germán, que es una persona que está en Francia (German Lacanna, junto a Javier y Pablo Iglesias los organizadores de Tecno Escena). Empezamos a discutir sobre el tema “nuevas tecnologías”, y ahí él me empezó a pasar información, y ahí nos empezamos a meter, a averiguar, en lo que había ya de teatro. Aquí mucho no hay, pero tampoco hay en general. En realidad lo que hay más es danza, la gente que más ha trabajado con tecnologías son de danza, no tanto teatro de texto. En Francia, Alemania, tenés lugares donde se han hecho cosas. En Francia tenés La Coline, una compañía que tiene unos trabajos muy interesantes con nuevas tecnologías.
Y entonces hicimos ese encuentro y le dimos como un marco, mas o menos, porque no era la temática, era el encuentro. La temática era una excusa, un poco, para el encuentro. Proyectamos videos; hicimos una convocatoria y el material empezó a llegar, así que fue algo, en realidad, que fue ocurriendo, nunca fue algo planeado. Ahí me contecté con Pablo Iglesias, que él estrenaba ahí, a meses, su obra y la pasaba por internet
[...] Pero así que fue casual, nada de esto fue planeado.
Pusimos una convocatoria. Nos escribió una artista de La Plata que hizo un trabajo también muy interesante, de video, una obra de lo más interesante visualmente, que nunca estuvo en Capital, que se hizo pocas funciones en La Plata. Trabajaban con una proyección, con una especie de tela delante; proyectaban un mar. Vos entrabas y lo que veías era un mar visto desde arriba, entonces era un efecto muy de inmersión. Y la actriz, en un momento, cuando empezaba la obra, salía como del agua, y ya eso era impactante.
Después también la gente de Monoambiente, que era interesante el trabajo que habían hecho visualmente. También, sin querer, yo también participé en "Top Dogs" (N.R.: obra que fue puesta en el Instituto Goethe en el 2001 y en el Teatro San Martín en el 2003), que usábamos tecnología, pero que fue absolutamente casual.
Teatro por internet, ¿teatro?
(En México) hubo una obra por internet, que la vi, tuve oportunidad de participar de las funciones. Eramos dos espectadores virtuales: uno era Germán, en Barcelona, y el otro era yo. Y en México apareció alguno que entró por Alternativa, que como no tenían Real One no lo pudieron ni ver. Igual fue interesante, porque pude chatear con los actores y la directora antes del espectáculo, ver cómo se preparaban, ver la función y chatear con ellos después. Era muy interesante la participación que se te armaba, realmente sintiéndote parte de lo que ocurría, más allá de... digo, he tenido una charla en algún momento con Dubatti (N.R.: conocido docente investigador teatral argentino) con respecto a teatro por internet, y él me decía “pero eso no es teatro”
Es que ahí me parece que está uno de los temas.¿qué significa el uso de tecnología en arte? ¿es simplemente incluir el chiche?
Y ahí hay dos líneas, ¿no? Por ejemplo, Fundación Telefónica lo que quiere en sus proyectos es que el uso de la tecnología tenga que ver con una opinión acerca del recurso que vos utilizás; o sea, que utilices, pero que al mismo tiempo estés reflexionando sobre ese recurso, que no sea puramente utilitario.
Y... yo estoy más de acuerdo con esa línea
Es que es la que tiene que ver más con el artista. La otra es, nada, usar... digo, en el teatro ya se usa tecnología hace tiempo, en consolas, sonido y todo eso, pero por ahí uno no tiene mucha conciencia.
Que es precisamente lo que pasa a nivel mundial, que es que la mayor parte de la producción está menos relacionada con el evento artístico que con el evento científico-tecnológico , donde lo que se consume justamente es el efecto y no la obra.
En Fundación se están dando unas charlas muy interesantes. La última fue con una artista colombiana, que estaba también Graciela Taquini (N.R.: investigadora y curadora de arte y tecnología), y en un momento mostraron un video que estaba bárbaro: una habitación, jugaba con una figura fractal que ahora realmente no me acuerdo el nombre, que es un fractal muy utilizado en predicción meteorológica, y vos te movías y el fractal se desplegaba en todo, en las paredes y en el piso. Se rompía toda la sensación de espacio. Y Graciela Taquini decía “el peligro de estas obras, es que esto termine en Disneylandia, porque yo no veo nada más allá del efecto de eso”.
[...] El speech de molestar, de violentar, de provocar al espectador también en teatro es muy... pero nadie te lo fundamenta. ¿Viste cuando se empieza a transformar en un speech, de alguna manera, y todos empiezan a seguirlo? Pero nadie sabe de qué estamos hablando, o por qué estamos diciendo todo eso.
Bueno, justamente en una instalación que hice el año pasado, la idea de afectar al espectador tenía que ver con que se sintiera inmerso en la obra, que le costara poner distancia, en el sentido de cómo traerlo de nuevo hacia la obra como alternativa a una forma que siento medio como muerta que es la “exposición”. Y por el lado de lo tecnológico, también uno se plantea lo que decíamos antes: ¿seguir usando la tecnología de forma muda, como herramienta o cómo transformarla en o en parte de un evento artístico? Entre las categorías que uds marcaron, ¿cómo catalogarías la telenoia dentro de la historia del teatro, al margen de, como decía Pablo (Iglesias), que lo vea el que está en Catamarca?
Para mi la crisis es mucho más profunda que el teatro. (Paul Virilio) habla de una aceleración temporal. Lo que se está produciendo a nivel mundial es eso, que tiene que ver con lo que él dice de la teletransportación: que no se va a dar como nosotros nos imaginamos, con algo orgánico que se descompone y se recompone en otro lugar, sino que lo que empieza a ser ya posible, es de estar en otro lugar sensitivamente, no presencialmente, sino sensitivamente estar en otro lugar. Ser capaz de tocar... es más, ya existen cabinas de telepresencia, en Francia creo, donde dos personas entran, obviamente en el mismo horario, y están en distintos lugares pero pueden tener sensación de tacto, verse... digo, sin duda, no es teatro, no es teatro en los términos que lo conocemos. [...] Lo que se produce es eso, una crisis con respecto a lo que significa ser, estar. Lo que plantea Virilio es que frente a la globalización, el efecto globalizador lo que genera es achicar al mundo, y entonces lo que él plantea es que lo que viene ahora es la conquista del cuerpo; en lugar de ir hacia fuera, se va hacia dentro.
¿Quizás el está planteando la reconquista, la recuperación del cuerpo después de la expansión sobre el mundo?
El lo plantea con un concepto que tiene que ver con micro, macrocosmos, fractal. O sea, el todo está adentro. Es muy ciencia ficción lo que digo, esto nos lleva, de alguna manera, a la desaparición del cuerpo. Por eso digo que lo que se pone en crisis es mucho más profundo que el teatro. Pero me parece que meter este conflicto en teatro te enfrenta con eso: ¿qué pasa con el cuerpo? Y al mismo tiempo, ¿qué es esto que decimos, de estar todos juntos en un lugar, en una ceremonia teatral? Empieza a ser posible desde otro lugar, conceptualmente desde otro lugar, pero también ocurre, estamos todos al mismo tiempo. [...] El teatro es el mundo ahora, el espacio teatral es potencialmente mucho más grande, eso es a lo que me parece que te enfrenta la telepresencia, la telenoia inmersa en el teatro.
¿Y esto a nosotros, a nivel local, que nos representa? Porque el grueso del desarrollo está afuera
Hay acá una cantidad de gente importante que hace arte y tecnología, no que hace teatro y tecnología. Lo que sí vos ves, por ejemplo, en la gente de La Plata, uno de los que va a participar trabaja mucho desde un concepto que es interesante, porque es muy “argentino”. Ellos trabajan... por ejemplo, arman interfaces desarmando un teclado. Entonces, te arman dispositivos tecnológicos con nueve pesos. Y ahí hay algo que me parece interesante como búsqueda local: “bueno, ¿cuál será nuestra identidad tecnológico-artística?” Yo creo que tiene que ver con la falta tecnológica nuestra. Mi intención es también diluir esa noción de que “es caro” trabajar con tecnología. Es verdad que por un lado lo es, pero por otro lado también es verdad que es posible trabajar con tecnologías sin recursos caros.