Volver a Inicio  
Volver a Inicio

Ingresar a Menu de usuario
Recomendar este sitio por Mail
Imprimir Página
Ver Mapa del sitio
Click aquí para suscribirse
 
Ir al sitio del Festival
SERIE DE ENTREVISTAS - BUSCO MI DESTINO. NOTA I
Reflexiones y experiencias en torno a la orientación vocacional
por Leonardo Sampieri, para Recursos Culturales
Blog
 
Hacia fines de 2007 empecé en Mundoteatral.COM una serie de entrevistas, con la idea de despejar las incógnitas que todos pasamos al momento de elegir una carrera o un campo de acción dentro de las artes. En ese momento entrevistamos a Gabriel Goldman, pianista y compositor de música para teatro, y ahora retomamos, para Recursos Culturales, la misma línea de trabajo, con Gastón Caba, artista visual, ilustrador y músico. Su infancia en General Roca, su paso por el Coro, el Conservatorio, la influencia familiar y su elección del Diseño Gráfico como carrera universitaria, entre otros temas, nos permitirán saber con bastante certeza qué construyó su presente. Cada uno podrá identificar puntos en común y tomar nota de cómo todos los protagonistas de estas notas se adaptaron, rebelaron y decidieron hacer su propio camino.
 
Entrevista a Gastón Caba
“Hay que aprovechar a los que tienen experiencia y preguntarles”
Ilustrador, artista visual y músico. Todo condensado en una persona que, inmersa en lo creativo, nos comenta cómo fue su infancia en Río Negro, la influencia familiar, sus primeros acercamientos a la música y el porqué de su elección de Diseño Gráfico como carrera universitaria.
 
 

Recursos Culturales: ¿Podrías definirte, hacer una introducción de lo que hacés?.
Gastón Caba: Me planteé hace poco es hacer una división en tres: arte, ilustración y música. Quizás pensando con esa concepción más americana del fine-arts o que arte no incluye a la música; viste que acá nosotros decimos que arte es todo; es una manera diferente de encarar el trabajo que es la ilustración.

¿Cómo fue tu formación?.
Bastante autodidacta. Hice la secundaria técnica, en Río Negro y soy casi diseñador gráfico -me falta un final, aunque hice más materias que las que corresponden-. Toda la parte de dibujo es auto aprendizaje desde chico; siempre fui muy curioso e investigador; muchas horas, estudiando algo, mirándolo, salen las mañas. Toda la primaria y la secundaria en Río Negro. De alguna manera Diseño Gráfico fue una excusa para venir a Buenos Aires y estudiar algo posible de ser estudiado; era quizás un contexto, quince años atrás, en el que los padres tenían otra exigencia con los hijos. Entonces, el hecho de pedirles venir a Capital Federal para estudiar arte era muy a contrapelo. Esto no lo debería decir, pero mucho después me enteré que ellos no querían que venga, yo era muy chico y ellos tenían miedo de lo que pudiera llegar a pasar. Estaba adelantado un año y me venía solo; yo quería irme de Roca a como sea, quizás equivocado en ese momento, más por capricho adolescente. En ese momento mis opciones eran ser ingeniero en sonido, o dedicarme a la música de lleno. Fui a coro desde los cuatro a los siete años, una especie de coro municipal; de los siete a los catorce fui al conservatorio; y de los catorce hasta los diecisiete estuve encerrado en un garage tocando. En realidad soy más músico que ilustrador; ese es uno de los grandes dilemas, de los grandes temas. Me considero mucho más exitoso en lo musical que en la parte de ilustración, aunque tenga más vuelta económica con la parte de ilustración.

Volvamos a tu elección de Diseño Gráfico.
Hay un tema importante ahí, que es quizás porqué me interesaba el tema de la entrevista. El contexto era: en General Roca hay una escuela muy importante, el Instituto Nacional Superior de Artes (hoy Instituto Universitario Patagónico de las Artes), tiene un nivel muy alto, debe ser una de las principales del país, muy buen nivel. Pero por otra parte, no deja de ser un Conservatorio. Y esa es la propuesta del Conservatorio: no hay un estado de rock, de cosas que se modifiquen. Por otra parte, las bandas de allá son en su mayoría de covers, no tienen mucho material original, se manejan temas de Los Piojos, el más osado un hace un Satriani, Creedence o cosas así; quizás ahora sea diferente, pero no creo que tanto. El INSA tiene su estudio de grabación, su Villa de las Artes, que es una especie de Bauhaus. Entonces por un lado hay una gran apertura y por otro está cerrada. Es raro lo que se genera ahí, porque está todo muy cerrado. Y a mí me interesa más abrir las cosas. Tenía ese pequeño sueño de encontrar a un McCartney: en la diversidad, al mismo tiempo de estudiar Diseño y de estar con mucha gente con la cual tendría muchas cosas en común, encontraría a alguien con quien tocar. Por otro lado, desde muy chico estuve interesado en la historieta, sobre todo en la cosa más infantil, no tanto en la cosa japonesa, ni tampoco en revistas como Nippur, Magnum, Scorpio, D’Artagnan, esas más oscuras que leía mi abuelo y que estaban más lejos de mi gusto.

Entonces, ¿elegiste Diseño Gráfico pensando en la inserción laboral?.
En su momento tuve una discusión con mi viejo sobre cuál era la función de la universidad, y yo ya desde dentro de la universidad le decía que era formar una persona, y el me decía que no, que era formar un profesional, una persona que pudiese trabajar. Entonces ahí estaba un poco el quid puesto, decir ‘tenés que estudiar, y trabajar de eso que vas a estudiar’. Mi frustrado paso por la universidad consistió en sacar todas esas herramientas que me servían, que tenían que ver con ilustrar o dibujar y tomar recursos de ahí.
 
Frustrado pero la carrera la hiciste casi toda; ¿lo vivís como una frustración?.
Lo sufrí bastante porque sentía que no era lo que yo quería hacer. Sentía que era como una desviación por esa imposición del mercado: tenés que hacer algo que rinda. Vinculando mi estadio previo en Roca, ¿cuál es el tema acá?: allá no tenía alguien que me dijese: “si vos trabajás de ingeniero en Buenos Aires, podés vivir de eso”. El concepto que tenía de un ingeniero de sonido en Roca era alguien que le ponía sonido a bandas por $80; además, con el resabio un poco hippie de la gente que se queda en el pueblo haciendo una vida más sencilla, uno no tiene una idea de proyección, como quizás quisiera mi viejo, universitaria, de ingeniería en sonido. Después me di cuenta que estaba totalmente equivocado con eso. Que si en ese momento yo me hubiese venido a estudiar sonido, hoy podría ser uno de los mejores y estar trabajando con grandes bandas. Por ejemplo, en ese momento no se me ocurría ser ingeniero en sonido y trabajar en publicidad, era algo que no sabía. De la misma manera que con el arte, no me imaginaba que hoy iba a estar vendiendo serigrafías en la tienda del MALBA. No calculaba que iba a estar haciendo esto ni que era algo de lo que se podía vivir. Esa simplificación de que un pintor es una persona pobre y que de tan pobre se corta la oreja, es un cuentito que se arma. Me parece que está bueno tener una referencia firme de qué está ocurriendo en el mercado.
 
Esa referencia, ¿vos la buscaste y no la encontraste, o no la buscaste porque ya tenías una percepción de que no existía...?
En ese momento todavía no había Internet, y uno usaba los canales más tradicionales. Me imagino que un chico hoy tiene mayores posibilidades de verificar qué está pasando con eso que le gusta; uno en ese momento [de búsqueda] entra por los medios masivos y ese discurso no está...lejos está. Está instalado el discurso de la crisis, que estudiar no sirve, que trabajar no sirve.

Entonces, ¿las decisiones que tomaste las tomaste en base a percepciones que tenías?. Por ejemplo, ¿nunca te hiciste un test vocacional o ni sabías que hay una herramienta así?.
Los resultados de los test de los chicos que se los hicieron eran muy abstractos, por decirlo de alguna manera. No le veía utilidad, y no conozco tanto el tema como para decir...; no sé de qué manera te puede ayudar que un test te diga que tenés inclinación hacia las ciencias exactas o hacia las naturales, o hacia el arte. Me parece que se necesitan cosas mucho más puntuales: tengo un amigo que es profe de literatura en un secundario y lleva amigos suyos que van a la clase y cuentan su experiencia de vida. Tengo un amigo DJ y poeta que fue, hubo buen feeling con los chicos y les contó cómo desde los 13 años la música fue su modo de vida, lo es todavía y cómo sustenta su arte poético con eso. Eso, un chico de la secundaria no se lo puede ni imaginar porque cualquier padre te va a desalentar a que busques un camino así.

Quizás padres de una determinada generación hagan eso; puede que nosotros como padres presentemos otra idea.
Sí, de hecho mi propuesta como padre es totalmente diferente. Tengo una nena de diez años y hace poco hice un show en Vicente López: había un piano de cola precioso en el escenario y mientras yo hacía la prueba de sonido, ella se puso a tocar. Terminó acompañándome en un tema durante el show. Imagináte que en su propia mentalidad, un padre de otra época es un ser superior, que no da lugar al hijo. Le tiene que aplastar la cabeza. Por otra parte, en esa relación padre hijo, me pasó de darme cuenta hace poco de cuestiones financieras básicas. Cómo construir algún tipo de proyecto personal, por ejemplo, es información que mi viejo jamás compartió conmigo. Si bien uno vio hacer determinadas cosas o tomar algunas decisiones de las cuales uno podría aprender, no hubo una línea clara que dijese ‘para tener tu propio dinero tenés que hacer este tipo de ahorro o este tipo de actividad’ y en esa línea me parece que a la escuela le falta un montón.

¿Tu papá tiene relación con alguna de estas tres áreas en las que me decís que se divide tu actividad?.
No, mi viejo es geólogo y mi vieja era directora de escuela, jubilada. Ahí atrás tengo esa cosa docente que recién ahora la estoy sacando a flote. Mi viejo, por ejemplo, siempre quiso tocar la guitarra y nunca aprendió. En los 70 hacía murales en bares, pero esa fue la máxima relación que tuvo con el arte. Pero me venía refiriendo puntualmente a esa información financiera básica, muy básica, por ejemplo: un concepto que empecé a usar en algún momento que era: tenés que ir a una oficina a trabajar. Yendo a trabajar a una oficina, me di cuenta que la única manera de salir adelante con mis propios proyectos era dedicarle mucho tiempo a algo, aunque no supiera si ese objetivo tenia un retorno en dinero, en prestigio, en lo que fuese. Era solamente hacerlo por hacerlo, y dedicarle un tiempo. Entonces, en un momento trabajé en un estudio de diseño gráfico y todos los días al salir de ahí, me venía a casa y seguía trabajando otras seis, o siete horas en mis propios trabajos, que fueron luego los que me permitieron dejar de trabajar en ese estudio; empecé a tener otros clientes, otro tipo de relación con mi entorno. Una forma de siembra. Últimamente estoy leyendo algunos libros de autoayuda norteamericanos, que son como son ellos, bien específicos, al punto, y lo que este tipo decía era que para poder triunfar con un proyecto uno tiene que estar por lo menos diez mil horas haciéndolo. Diez mil. El mínimo es estar tres horas por día durante diez años, en la misma actividad. De esta manera, un chico que a los cuatro años empieza a tocar el violín, está tocando piezas importantes cuando llega a los doce. El que empieza a los diez a jugar al tenis, a los dieciocho ya está jugando torneos importantes. De alguna manera, ese recorrido de diez años lo ves en mucha gente. Yo lo tuve.

Fuiste a coro a los cuatro años. Me parece llamativo. ¿De dónde viene esto?, ¿quién te llevó?.
En realidad yo quise ir. Mis primas iban, yo había visto el coro, mis viejos no tenían plata para mandarme, y esta señora que se llamaba Ana Pavón, me becó, por así decirlo, y me dejaba ir. Como ya pagaban mis primas, yo pasaba. No tengo muchos recuerdos, pero algunos flashes que tengo son muy buenos; era increíble poder participar y cantar, que ya a esa edad me gustaba hacer.
 
¿Pensás que por ese lado viene la música o hubo algún otro tipo de estímulo?
Fue el coro por un lado, porque ese era el lugar donde yo quería pertenecer, estar. Mi conexión con la música viene por un tocadiscos Winco, con el disco Abbey Road, alguno de Creedence, alguno de los Bee Gees, el ‘Banquete de los Pordioseros’ de los Stones, uno de Debussy que venía con una revista y creo que desde los dos años vengo escuchando eso sin parar. Y también por la radio, por la AM: la chica que me cuidaba, tenía la radio prendida todo el día; ella me cuidó desde el año y medio y tengo el vago recuerdo de la música de Mochin Marafioti. Mucho tiempo después me di cuenta que la apertura de transmisión era ‘Radioactivity’ de Kraftwerk y después la canción de LU18, propia de la radio. Creo que viene por ahí: del disco y de la radio. Por otra parte, mi tío cantaba en un grupo de folklore. Estimo que eso también, mi vieja siempre cantó, no profesionalmente pero le gustaba.
 
Siguiendo el mismo razonamiento, ¿la parte visual de dónde viene, podés identificar algo?.
No está tan claro, pasa más por la conexión que un chico puede tener por esa magia de la creación, de darse cuenta que uno puede ser creador.

¿Plástica en el colegio?
No...es muy previo al cole. Si hago memoria, me acuerdo que en Roca en ese momento se hacían unas fiestas en una plaza, te daban hojas y con hojas caídas de los árboles hacías un collage y después todo eso se colgaba. Pero imagínate que la ciudad tiene un museo, el Lorenzo Vintter, un museo histórico, que tiene ropa del General Roca; recién mucho después se abrió el otro museo, ahora abrió otro de Ciencia Naturales, pero no creo que venga más que por el simple hecho de darle a un lápiz, un papel y decir ‘hice algo’.

¿A lo largo de la primaria y la secundaria lo seguiste desarrollando?
Sí, sí. Me la pasaba dibujando en todos lados, especialmente en la primaria. Y en la secundaria, me crucé con unos libros de Garfield, empecé a copiar, a hacer mis propios personajes, y después me compré un libro que era ‘Cómo hacer historietas y cómo venderlas’. Otro libro norteamericano en el camino.

Entonces parece que tu punto crítico fue a la salida de la secundaria.
En la secundaria la pasé mal. Me pasaba de ir a teatro los sábados a la mañana y que el profesor de Programación se riese de eso. El colegio era eso. Un profesor matándose de risa de lo que vos hacías. Con el paso del tiempo te das cuenta que en realidad es un pobre tipo. Y en general, salvo algunos, eran todos así. Fue una época grande de paros y el último año directamente no iba, me la pasaba tocando la guitarra en la casa de mi novia.

En este análisis que hicimos, ¿lograste ubicar alguna decisión o hecho que te marcó de ahí en adelante?
Creo que fue muy importante mi primera deuda por mil pesos. Yo vivía con otro pibe, adeudábamos un par de meses, luego ese chico se fue y yo me quedé con la deuda. Salí desesperadamente a buscar trabajo y conseguí mi primer trabajo de ilustración que fue el mapa del Parque de la Costa, el nuevo mapa del parque. Me pagaron mil pesos y ahí empecé a trabajar, de alguna manera. En ese momento trabajaba en un estudio y me pagaban 50 pesos por mes y me daban de comer. Estamos hablando del 2001, 2002; ya hacía cuatro o cinco años que estaba en la facultad, pero estaba en primer año del programa de estudios. Me parece super sano que alguien que empieza a estudiar empiece a trabajar, además me fue mucho mejor en la facultad una vez que empecé a trabajar, porque además entendí de qué iba la carrera; me di cuenta qué cosas eran mas conceptuales y cuáles eran más prácticas, pude ver esa diferencia entre las cátedras. Son dos mundos diferentes que conviven en la realidad y de los que necesitás un poco de cada uno. El hecho de ponerte en acción mucho antes que en la facu es muy beneficioso y entrar en contacto con personas que estén en la profesión y poder consultarles...; uno los ve como inalcanzables y en verdad son personas como nosotros, con los mismos problemas de amor y económicos que cualquiera de nosotros. Mandar un mail, preguntando cómo empezaste, qué te gustaba, qué libros leías; a mí me llegan este tipo de consultas, por lo menos uno por semana. Uno tiene que aprovechar la historia que tienen las personas con experiencia: cuáles fueron sus referentes, qué libros, qué artistas, qué frases los marcaron; entender que uno tiene que dominar una técnica para obtener una buena obra, una buena ilustración, que eso lleva tiempo y que el sistema no promueve este tipo de perfeccionamiento, ya que busca que estés siempre generando ingresos, facturando. De hecho, un rejunte de esas preguntas más algunas otras que a mí me parecen importantes son las que van a construir el curso que voy a dar dentro de poco y sobre las que trabajo en las clases que doy en forma individual.

 

Su presente y la dicotomía entre arte e ilustración.

¿En qué estás ahora?. Tocaste en la programación de verano del GCBA. ¿Tenés totalmente separados el arte, la ilustración y la música?.
En un principio no, con un proyecto de música para chicos, que se llamó Flavia and the Motonets. El disco tenía una tapa que era para pintar y en ese momento estaba todo un poco más integrado. Pero luego empecé a tener diferencias personales con qué era lo que ocurría con esas ilustraciones y me dí cuenta que tenía pretensiones que iban más allá de la ilustración, precisamente con las ilustraciones. Preferí separar la cuestión más comercial de lo más artístico, para vivir más tranquilo. Lo sufrí mucho .

¿Pero nunca buscaste integrar tu música con tu arte?.
Sí quizás el arte con la música, pero no con la ilustración. A la ilustración no le quiero dar una pretensión artística, como quizás hice en algún momento. Son confusiones dañinas. Si una cosa es arte, esperás resultados artísticos, experiencias artísticas o por lo menos relaciones humanas interesantes, un idea y vuelta. Entonces separé las cosas artísticas, de la ilustración.

http://www.gastoncaba.com.ar/

 
 
 
 
© Una producción de Recursos Culturales - Todos los derechos reservados - Prohibida su reproducción sin autorización.