Ante la "Realidad (i) Realidad" sugerida como temática por el Festival de la Luz, cabe preguntarse por la desaparición del soporte como recurso de la fotografía documental, signo indicial de todo acontecimiento. Ya desaparece el acetato emulsionado, convirtiéndose un haz luminoso en código informático plausible de ser alterado en su reproducción, no aún en su formato DNG (negativo digital recientemente creado por Adobe).
Luego existen obras que poco tienen que ver con capturar un acontecimiento y mucho más relacionado con su capacidad inventiva, una creación de un escenario nuevo donde ocurre un sinnúmero de realidades, las que el artista desea y, sumado a ello, la intervención de lo digital que posibilita infinitas alteraciones de las mismas, tantas como las artesanales.
Por último, el sujeto espectador tendrá en sus manos la tarea de reinterpretar su propia realidad ante la obra presentada.
La realidad en su designio filosófico podría aproximarse en cualquier caso a la posibilidad de construcción y deconstrucción de infinitas significaciones alrededor de un acontecimiento de vida o un acto creativo, que en última instancia son uno solo. Categorizar dichas significaciones es restar la posibilidad de creaciones y entendimientos múltiples.
Luego existe otro momento, o mejor, otra temática, la del lenguaje, acto creativo del hombre que nombra arbitrariamente nuestro universo, su ciencia y su arte; por último el silencio o la ausencia de lenguaje como herramienta sensible frente a lo indecible. El arte es la transformación del lenguaje (y sus silencios) en un concepto que dice mucho más que lo que nombra su obra. Lograr aprehenderlo es el mérito mayor.
Frente a la obra de Eduardo Gil, o mejor, frente a la no mirada expuesta de los sujetos en ella fotografiados, no puede hacerse menos que recorrer el tiempo de una caricia sobre un rostro, y reconocer en él, cual ciegos que pudiéramos ser, cada rasgo. La no mirada del retratado invita a anular la visión del espectador e imaginar la rugosidad de cada textura en la que el iris se posa connotando un dedo o dos manos, narices que huelen, lenguas que degustan.
Eduardo Gil nos dice acerca de su obra:
" Estos trabajos pertenecen a un cuerpo de obra más amplio en el cual reflexiono, desde la fotografía, acerca de los géneros en la historia del arte. Forman parte de un trabajo de autodeconstrucción respecto de mi obra y de mi historia, en este caso suprimo aquello que siempre estuvo presente en mis fotografías y en mi discurso: la mirada. Paisaje humano, topografía sensible, registro objetivo, erotismo, mascara funeraria, equivalente stieglitzniano. son todas lecturas posibles que me interesan y que se entrecruzan".
Sobre la obra de Eduardo Gil, puede encontrarse más información y contactarse al artista a través del siguiente link: www.eduardogil.com
Cecilia Ambrossetti |